El
12 de Febrero de 1541, Pedro de Valdivia funda la
ciudad de Santiago y marca en el mismo lugar donde
se encuentra la actual iglesia parroquial de El
Sagrario, el lugar para la primera iglesia de Chile.
Fue erigida como parroquia en 1546. Esa primera
edificación fue destruida por una rebelión
indígena a los pocos años de fundada
la ciudad. En 1558, la Corona manda edificar una
nueva y definitiva iglesia parroquial con aporte
del erario real.
En mayo de 1562, el Papa Pío IV crea la diócesis
de Santiago del Nuevo Extremo y nombra Obispo a
Fr. Rodrigo González Marmolejo. Se edifica
la primera catedral con frente a la actual calle
Catedral que dura hasta mediados del s. XVIII y
en 1775, se abre al culto la segunda catedral que
ocupa la misma planta que tiene actualmente.
A fines del siglo XVIII, don Joaquín Toesca
inicia los estudios para edificar una iglesia definitiva
para El Sagrario. Continúa esos estudios
don Eusebio Chelli y el 16 de marzo de 1863, Monseñor
Valentín Valdivieso inaugura la actual iglesia
construída con el mismo material de la Catedral
(‘piedra sillar’).
En 1897, Monseñor Mariano Casanova encarga
al arquitecto Ignacio Cremonesi que haga la remodelación
y modernización de la Catedral y de El Sagrario,
obra que concluye en 1905 tal como aparece hoy día.
El criterio de la restauración que hoy inauguramos,
recupera la línea de arquitectura y de construcción
de Cremonesi tratando de rescatar las pinturas originales
y reconstituyendo lo que fuera necesario para respetar
el diseño del autor.
Las obras más importantes han sido reconstituir
la estructura dañada por los sismos, limpiar
las pinturas originales del techo, recuperar pinturas
de murallas que habían sido sobrepintadas,
poner amplificación, hacer una nueva iluminación,
y remodelar el presbiterio y el entorno arquitectónico
para entronizar la imagen de Nuestra Señora
del Carmen, Reina y Madre de Chile.
El Altar, la base del Sagrario y la columna para
la Virgen, han sido construidas en hormigón
cubierto con mármol. El Sagrario barroco
americano, fue hecho a mano probablemente durante
el siglo XVIII por alguna escuela quiteña.