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La
Santísima Virgen se apareció en el S.
XIV al Papa Juan XXII, prometiendo para aquellos que
cumplieran los requisitos de esta devoción
que “como Madre de Misericordia, con mis ruegos,
oraciones, méritos y protección especial,
les ayudaré para que libres cuanto antes de
sus penas, (…) sean trasladadas sus almas a
la bienaventuranza”.
La
imposición se hace con el escapulario de lana.
Después de la ceremonia puede sustituirse con
una medalla escapulario. Los requisitos de esta devoción
tanto para la medalla como para el escapulario son:
-
Tenerlo impuesto y llevarlo habitualmente
-
Guardar castidad conforme al estado de cada uno.
-
Rezar diariamente tres Avemarías o siete
Padres Nuestros con Avemaría y Gloria, o
el Oficio Parvo o el Oficio Divino.
Esta devoción a la Santísima Virgen
ha de ayudarnos a ser más piadosos; nunca debemos
ampararnos en ella para vivir una de indiferencia
religiosa.
V. Nuestro auxilio está en
el nombre del Señor.
R. Que
hizo el cielo y la tierra.
V. Muéstranos,
Señor tu misericordia.
R. Y
danos tu salvación
V. El
Señor esté con vosotros.
R. Y
con tu espíritu.
V. Oremos.
Señor Jesucristo, Salvador del género
humano, santifica con tu diestra este hábito,
que por amor a Ti y a tu Madre, la Virgen María
del Monte Carmelo, va (n) a llevar con toda devoción
tu siervo (a - os) para que con la intercesión
de tu misma Madre sea (n) defendido (s) del maligno
enemigo y persevere (n) en tu gracia hasta el día
de su muerte. Que vives y reinas por los siglos de
los siglos.
R. Amén.
El sacerdote rocía
con agua bendita el escapulario y, mientras lo impone,
dice:
V. Recibe este hábito bendito
y ruega a la Santísima Virgen que, por sus
méritos, lo lleves sin mancha de pecado, te
defienda de toda adversidad y te conduzca a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Yo,
en virtud de la potestad concedida, te (os) recibo
para que puedas (podáis) participar de todos
los bienes espirituales que por la misericordia de
nuestro Señor Jesucristo han sido concedidos
a los religiosos del Monte Carmelo. En el nombre del
Padre, y del Hijo, Y del Espíritu Santo.
R. Amén.
V. Bendígate (os) el Dios omnipotente,
creador del cielo y tierra, que se ha dignado que
formes (éis) parte de la Cofradía de
la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo;
a Ella suplicamos que, en la hora de tu (vuestra)
muerte, aplaste la cabeza del demonio y que consigas
(áis) la palma y la corona de la eterna bienaventuranza.
Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.

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